Los mandatarios municipales analizaron el impacto del ajuste nacional y el futuro de la coparticipación.
La política de San Juan sumó un capítulo curioso con la reactivación de la Liga de Intendentes del Partido Justicialista. Lejos de los protocolos y las oficinas de la Capital, los jefes comunales eligieron un taller mecánico en el departamento de Chimbas como búnker para su cónclave. El lugar, símbolo de «la cultura del trabajo», sirvió de marco para un asado donde la «rosca» política y la preocupación por la gestión fueron los temas centrales.
El eje transversal que dominó la mesa fue el impacto de las políticas de ajuste del Gobierno Nacional en las administraciones locales. Los intendentes coincidieron en que la demanda de asistencia social en los departamentos ha crecido de forma alarmante, mientras los recursos coparticipables se mantienen estancados. «Somos la primera trinchera frente a la crisis», fue el sentimiento compartido entre los presentes, quienes buscan coordinar reclamos conjuntos ante la administración provincial.
Sin embargo, el reencuentro no estuvo exento de lecturas políticas por una ausencia notoria que generó suspicacias: la del intendente de Rawson, Carlos Munisaga. Aunque se alegaron cuestiones de agenda, su silla vacía en el taller fue interpretada por algunos sectores como una señal de las tensiones internas que aún persisten en el peronismo sanjuanino tras la derrota electoral del año pasado.
Pese a los faltazos, el grupo ratificó su voluntad de mantenerse unido como bloque para negociar con el Ejecutivo provincial. La idea es que estas reuniones «itinerantes» continúen en diferentes departamentos, buscando un perfil más cercano a la realidad cotidiana de los vecinos y marcando una agenda propia fuera de las estructuras formales del partido.





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